Parte 2
Ser llamado hijo
Para muchas personas, ser reconocidos "hijos de su padre" es un motivo de orgullo. De un padre se heredan muchas cosas, tanto tangibles como intangibles, y si esas cosas son además buena herencia, un hijo estará siempre agradecido a quien lo trajo al mundo.
Pero una persona no es hija de su padre solo por herencia genética. Existen casos donde un hijo puede ser identificado a la perfección con su padre sin haber sido engendrado por él.
Dentro del lenguaje bíblico encontramos también que hay casos donde las personas pueden ser identificadas como "hijos de" porque son asociadas con alguien o algo por su forma de actuar. Es por eso que en la Biblia se habla de hijos de luz (1 Tes 5:5), de paz (Lc 10:6), de sabiduría (Mt 11:19), del diablo (Jn 8:44), de este siglo (Lc 20:34) y muchos otros ejemplos.
Hijo "por asociación" no es solamente una ocurrencia muy común en las Escrituras, sino también un concepto muy útil y poderoso. Cuando llamamos a alguien "hijo de", estamos hablando de esa persona y, al mismo tiempo, de su molde, por lo que sabemos qué se puede esperar exactamente de su forma de actuar.
¿De quién es hijo el Cristo?
Jesús discutía una vez con los fariseos. Fue una de esas raras ocasiones donde el argumento parece haber sido iniciado por el propio Jesús, y no por los hostigadores religiosos. Los fariseos respondieron sin dudar:
Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo:¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. (Mt 22:41-42)
¿Estaban ellos errados? En realidad, no. Respondieron rápido y bien. De hecho el propio Mateo, autor del evangelio, empieza su relato con esa misma afirmación (Mt 1:1).
Pero la respuesta de Jesús a continuación es sorprendente, porque con ella apunta a algo mucho más profundo que la genealogía:
Él les dijo: ¿Pues cómoDavid en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?(Mt 22:43-45)
En la cultura judía, un hijo jamás sería más grande o importante que su padre, sin importar sus logros. El honor que el padre traía a la vida del hijo era una deuda que no se podría pagar jamás. Por esa razón, nadie daría el honor de decirle "señor" a un descendiente suyo. Tan inesperada y llena de verdad fue la respuesta del Maestro que nunca más nadie lo molestó con otra pregunta (Mt 22:46). Un verdadero momento de brillantez sin igual.
Pero la pregunta que queda flotando en el aire entonces es: ¿quién es hijo de quién? ¿el Cristo hijo de David, o David hijo del Cristo?
La respuesta simplemente es ambas. Porque el Cristo sería descendiente de David por linea genealógica, pero David es hijo del Cristo por "asociación de molde". David, siendo un rey sobre Israel conforme al corazón de Dios (1 Sa 13:14), apuntaba a un "David mayor", de corazón perfecto, que reinaría por la eternidad, tal como Dios prometió.
Hijo sobre su casa
David tuvo en su corazón el deseo de edificar una casa para Dios, pero Dios tenía en mente justo el plan inverso: sería Dios quien construyera una casa firme para David. El Dios creador y todopoderoso le construiría una casa firme y eterna para el mortal David.
Dios edificaría un linaje firme a David, pero sin embargo, sería a su vez un hijo de David quien edificaría casa para Dios.
Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino.Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.(2 Sa 7:12-13)
Por supuesto Salomón, al lograr finalmente edificar el Templo que su padre David deseaba, creyó estar cumpliendo la promesa (1 Re 5:5), pero su reino se derrumbó catastróficamente por el peso de su propio pecado y porque su corazón no fue perfecto como el de su padre (1 Re 11:4) (1 Re 11:11).
¿En quién entonces se cumple la promesa? ¿Quién entre la descendencia de David edificaría casa a Dios? Esa persona debía reunir requisitos extraordinarios. Descendiente de David, rey sobre Israel, inmortal y eterno y de corazón perfecto, que edifique una casa al nombre de Dios.
Solamente el Mesías prometido sería capaz.
Hijo de una promesa
El nacimiento del ungido de Dios era tan especial que requería que el ángel Gabriel llevara su anuncio, en persona, a una vírgen de Galilea llamada María.
Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Diosle dará el trono de David su padre; yreinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. (Lc 1:31-33)
María, como todo judío que se preciara de tal, sabía de qué hablaba el ángel Gabriel.
Igual que los dos ciegos (Mt 9:27) e igual que la multitud atónita por las señales (Mt 12:22-23), María sabía. Igual que una mujer gentil y cananea (Mt 15:22) e igual que otro par de ciegos que fueron callados (Mt 20:30-31), María sabía. Igual que la gente que lo recibió de forma triunfal (Mt 21:15) e igual que los fariseos que contestaron bien (Mt 22:42), María sabía que el Mesías sería llamado el Hijo de David.
Cuando María recibió el anuncio, lo que comprendió cabalmente era que el hijo que estaba a punto de concebir milagrosamente nacería para ser el Rey de los judíos.
El trono de David su padre le sería entregado por Dios, y bajo su mano, la casa de Jacob volvería a tener, luego de siglos de sometimiento bajo los gentiles, un reino firme para siempre.
Allí haré retoñar el poder de David; He dispuesto lámpara a mi ungido. (Sal 132:17)