El Reino Perdido

La Simiente
de Abraham

Parte 1

Pinturas sin tiempo

Los salmos son, dentro de la Biblia, lo más parecido que tenemos a una pintura hablada.

Escritos originalmente para ser cantados durante fiestas solemnes y otros acontecimientos, muchos de ellos retratan una imagen vívida de la relación de Dios y su pueblo.

Igual que el resto de las Escrituras, algunos de ellos toman al mismo tiempo elementos del pasado, del presente y del futuro. Algunos salmos, incluso, presentan una imagen temporal tan entremezclada que resulta muy difícil diferenciar si lo que estamos leyendo pasó, está pasando o pasará aún.

Muchos de ellos, sin ser explícitos, hablan del Mesías y su reinado. El salmo 47 es un ejemplo de ello y comienza con un llamado mundial a la celebración:

Pueblos todos, batid las manos; aclamad a Dios con voz de júbilo. (Sal 47:1)

El llamado es universal. Todos los pueblos son invitados a celebrar al Dios de Israel. Lo que es llamativo, en realidad, es el motivo del llamado:

Porque Jehová el Altísimo es temible; rey grande sobre toda la tierra. Él someterá a los pueblos debajo de nosotros, y a las naciones debajo de nuestros pies. (Sal 47:1-2)

El tono con que se pinta este cuadro tomó de repente matices oscuros. Lo que empieza como invitación a las naciones a adorar voluntariamente a Jehová se torna rápidamente en advertencia. En el futuro, advierte el salmo, Dios someterá a todos los enemigos bajo Israel. Entonces, y desde la perspectiva judía, más convenía acoplarse al pueblo de Dios por voluntad propia y en el tiempo presente.

Pero estamos en el presente y, si miramos las noticias, la pintura del salmo 47 no se ha hecho realidad, ¿cierto?

Una pintura de José

Una pintura similar encontramos en el salmo 105, que también empieza con una invitación a la alabanza. Pero esta vez la invitación es dirigida al propio pueblo de Dios con el propósito de atraer a las naciones:

Alabad a Jehová, invocad su nombre; dad a conocer sus obras en los pueblos. (Sal 105:1)

En esta pintura, sin embargo, el tiempo pasado está bien definido. El llamado aquí no es para las naciones, sino para el pueblo escogido, porque es necesario recordar las obras que Jehová hizo entre ellos en generaciones anteriores:

Acordaos de las maravillas que él ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca, oh vosotros, descendencia de Abraham su siervo, hijos de Jacob, sus escogidos. (Sal 105:5-6)

Es a los hijos de Jacob (los patriarcas y su descendencia) que el salmo recuerda del pacto original con Abraham.

Él es Jehová nuestro Dios; en toda la tierra están sus juicios. Se acordó para siempre de su pacto; de la palabra que mandó para mil generaciones, la cual
concertó con Abraham, y de su juramento a Isaac. La estableció a Jacob por decreto, a Israel por pacto sempiterno
, diciendo: A ti te daré la tierra de Canaán como porción de vuestra heredad. (Sal 105:7-11)

Es por eso que, sin importar lo que suceda y qué tan mal les pueda ir (Sal 105:16), Israel debe tomar como ejemplo y referente a José, el hijo de Jacob:

Envió un varón delante de ellos; a José, que fue vendido por siervo. (Sal 105:17)

Como ejemplo de servicio a Dios, obediencia y paciencia bajo la prueba (Sal 105:18-22), José es el modelo que el salmista determina hay que seguir, sobre todo en tiempos malos. Porque al final, hay recompensa para la fe del creyente.

Envió el rey, y le soltó; el señor de los pueblos, y le dejó ir libre.
Lo puso por señor de su casa
, y por gobernador de todas sus posesiones. (Sal 105:20-21)

El salmo 105 es la pintura de José, porque en él se halla el patrón que Dios define para el camino de fe: prueba y sufrimiento (1 Pe 1:6). Pero al final, también recompensa y bendición (1 Pe 1:7). Y a través de su obediencia, José también otorgó bendición a naciones gentiles, tal como Dios prometió hacer a través de su bisabuelo Abraham (Gn 22:18). Al final del camino, José es premiado con autoridad incluso sobre gente grande, trayendo bendición y enseñanza sobre ellos:

Para que reprimiera a sus grandes como él quisiese, y a sus ancianos enseñara sabiduría. (Sal 105:22)

La pintura de José es el camino que Dios quiere que su gente recorra. Un camino difícil pero necesario.

En particular, es el camino que otro descendiente de Abraham, uno más alto y exaltado que el propio José, comenzaría a transitar mucho tiempo después.

Una pintura del futuro

Ningún artista es capaz de pintar un cuadro del futuro como lo hace el Señor, con la precisión de su omniciencia y la claridad de sus palabras.

El salmo 2 es un cuadro que describe a las naciones en rebeldía (Sal 2:1). Los pueblos, a pesar de ser invitados a unirse en adoración al Dios del universo, en cambio se amotinan y piensan planes en contra del Señor y en contra de Su ungido (Sal 2:2-3).

Pero la respuesta de Dios no es de preocupación, sino de risa. Su reacción es la de alguien que sabe el final de la historia, y por eso está confiado como un león (Pr 28:1):

El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira.
Pero yo he puesto mi rey sobre Sion
, mi santo monte. (Sal 2:4-6)

Cuando el tiempo se agote y Dios hable en su ira, será para gobernar a las naciones con vara de hierro y para poner sobre Jerusalén a su Rey exaltado. Este Rey es el "José mayor", quien a través de la obediencia máxima durante su humillación, alcanzó la mayor exaltación que Dios puede otorgar (Fil 2:8-9).

Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. (Sal 2:7)

Es a este hijo Suyo, a este "José mayor", a quien Dios promete entregar las llaves de este mundo para "reprender a sus grandes y hablar sabiduría a sus ancianos".

Es en ese futuro y a través de este Rey exaltado, puesto para gobernar visiblemente desde su trono en Jerusalén, que Dios cumplirá su promesa a Abraham de recibir el mundo como herencia (Ro 4:13).

Pero, ¿puede una persona gobernar el mundo entero, sin perder su alma en el intento (Mr 8:36)? Para una tarea así de descomunal, hace falta un candidato muy particular y único. No solo deberá ser un "José mayor", sino que necesitará un corazón conforme al corazón de Dios.