Parte 3
La semilla en el huerto
Toda historia tiene un comienzo, y ese comienzo se puede comparar con una semilla. Una semilla, cuando es plantada, es para dar vida a algo más grande (Jn 12:24).
La historia más grande de todas, la madre de todas las historias, es la historia del drama que acontece en el huerto de Edén. Allí Dios planta una semilla en la historia del mundo, y también en la mente del lector de la Palabra, que lo acompaña en su recorrido a través de las páginas de la Biblia.
La rebelión iniciada en el huerto por la serpiente trajo consecuencias para todos los involucrados. Adán y Eva, por ejemplo, fueron expulsados del huerto. Pero también, esa breve alianza que los puso en el bando de la serpiente, llegaría prontamente a su fin cuando el Señor maldice al padre de mentiras (Jn 8:44) y le anuncia su inevitable destino de absoluta derrota y fracaso:
Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. (Gn 3:14)
La serpiente logró poner brevemente a la humanidad en contra de Dios pero, en última instancia, sería un individuo de entre los nacidos de la mujer quien pondría un fin violento y abrupto al reinado del lucero de la mañana (Is 14:12).
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, yentre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. (Gn 3:15)
El llamado "protoevangelio" de Génesis 3:15 es significativo porque por él sabemos que la derrota del enemigo de Dios no sería a través de una idea, un principio ni una institución, sino de una persona.
Esta semilla, plantada desde el principio de los tiempos en el huerto, guía, acompaña y testifica al lector a lo largo y ancho de toda la Escritura (Jn 5:39).
La semilla que fue plantada en Edén es puesta para morir, renacer y finalmente florecer en su total esplendor, cumpliendo su propósito en plenitud.
¿Muchas simientes o una sola?
El Reino Perdido también tiene una semilla, un comienzo. La pregunta que da inicio a este viaje es "¿Qué le prometió Dios a Abraham?". Pero la otra pregunta que nos podemos hacer también es "¿a quién le prometió?"
Aquí el apóstol Pablo tiene un punto importante para nosotros en el libro de Gálatas:
Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno:Y a tu simiente, la cual es Cristo.(Gá 3:16)
Si bien la promesa fue dada a Abraham para su descendencia (Israel), es en una sola persona, un individuo, en quien esas promesas se habrán de manifestar plenamente.
La misma dinámica que aparece en juego en Edén se manifiesta en el pacto de Dios con Abraham. Un individuo, escogido entre una multitud, es quien recibe la promesa de victoria total y herencia de la tierra que una vez pisó Abraham. Y esa persona, revelan las Escrituras, es una sola y la misma en ambos casos: Cristo, el Hijo del Dios viviente:
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo,a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo. (Hb 1:1-2)
Cristo es quien aplasta la cabeza de la serpiente (Col 2:15), es Cristo quien hereda el mundo y todo lo que hay en él (Ro 4:13), es Cristo quien recibe un nombre más excelente que José (Fil 2:9-10), y es Cristo que recibe el trono de David (Lc 1:33).
En Cristo, el heredero de toda la creación, se manifiestan el "José mayor" (Sal 105:7) y el "David mayor" (1 Sa 13:14). Es en Cristo, en última instancia, en quien serán benditas todas las familias de la tierra (Gn 28:14).
La semilla que da fruto a su tiempo
Toda semilla tiene un propósito, y en cumplirlo está la manifestación de su identidad verdadera. Una semilla, al morir, produce fruto para aquel que la plantó. Cristo entonces, siendo la semilla escogida que fue plantada en la creación del Padre, es la manifestación de la voluntad de Dios, y el verdadero cumplimiento de todas las promesas hechas a la humanidad.
Porque Dios no es hombre para que mienta. Habló, y así lo hará:
Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta.Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?(Nm 23:19)
Y porque en Dios hay verdadero poder, Él hará todo lo que determinó:
Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero; que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo.Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré. (Is 46:9-11)
Es a través de su Mesías el Ungido en quien toda la voluntad de Dios será cumplida hasta el final de los tiempos:
Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días,y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. (Is 53:10)
Es por eso que Jesucristo, la simiente de Abraham, la raíz de David (Ap 22:16), es el único nombre en quien tenemos salvación y cumplimiento de todas las palabras que Dios ha dado al hombre, desde el huerto de Edén hasta el fin del tiempo.
Y hasta el día de hoy, Dios nos promete que su Palabra jamás vuelve a él vacía (Is 55:11), y que el mundo finalmente verá florecer la justicia (Sal 85:11). La tierra dará su fruto (Sal 67:6) y todo aquello que Dios ha deseado para el mundo será revelado en su simiente escogida:
Porquehabrá simiente de paz; la vid dará su fruto, y dará su producto la tierra, y los cielos darán su rocío; y haré que el remanente de este pueblo posea todo esto. (Zc 8:12)
Finalmente, en el reino mesiánico la justicia y la verdad, que fueron negadas al mundo por la obra de la serpiente en Edén, se volverán a encontrar para que todos comamos de su fruto.
La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos. Jehová dará también el bien,y nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él, y sus pasos nos pondrá por camino. (Sal 85:10-13)