El Reino Perdido

Siglo presente,
mundo venidero

Parte 3

¿La resurrección es el fin?

Juan vio descender del cielo un ángel de aspecto fuerte. El ángel tenía el arcoiris en su cabeza, recordatorio del pacto entre el cielo y la tierra (Gn 9:13), y un librito en la mano. El ángel se paró entre los cielos y la tierra, y levantando las manos hacia el cielo de los cielos, declaró que el tiempo dejaría de existir.

Y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él,
que el tiempo no sería más.
(Ap 10:6)

Y para que no nos queden dudas, el ángel con el librito nos declara cuándo eso sucedería:

Sino que en los días de la voz del
séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta,
el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas. (Ap 10:7)

¿Eso quiere decir que al sonido de la trompeta, y al levantarse los muertos, el tiempo deja de ser?

La resurrección no es el fin

El misterio se consuma porque Cristo aparece y levanta los muertos a ojos de todo el planeta. El velo que envolvía a las personas (Is 25:7-8) y no les dejaba ver el mundo espiritual que nos rodea es ahora rasgado y todo ojo es testigo de ver a Dios descendiendo en una nube a este mundo.

Ya nadie puede negar Su existencia. El mundo como lo conocemos llegó a su fin.

Pero si esta fuera la eternidad y el tiempo ya no es más, ¿por qué Cristo reina durante mil años?

Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y
vivieron y reinaron con Cristo mil años.
Pero los otros muertos no volvieron a vivir
hasta que se cumplieron mil años.
Esta es la primera resurrección. (Ap 20:4-5)

Mil años es el tiempo del reino de Cristo. Mil años es el tiempo que Satanás estará atado (Ap 20:2). Mil años reinan los justos en el nombre del Señor. Mil años hasta que suceda la segunda resurrección.

Mil años, y luego el fin (1 Cor 15:24).

La resurrección es el descanso

Las burlas son cosa seria para Dios. Advirtiendo sobre ellas, Pedro nos enseña que el tiempo es relativo para Dios, y que su venida no se tarda:

Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor
un día es como mil años, y mil años como un día.
(2 Pe 3:8)

Así lo veían los apóstoles, porque así lo marcaba la tradición judía dominante (Sal 90:4).

Y dentro de esa forma de ver el mundo, ellos veían patrones que Dios creó en constante repetición (Sal 19:2), y que en saber contarlos hay grande sabiduría (Sal 90:12).

Así que contemos.

Siete días tiene la semana, y el séptimo día es santo para Dios (Ex 16:23). Ningún trabajo se hace en el sábado, porque recordamos a Dios que descansó de sus obras (Hb 4:4).

Hoy, la fe en Cristo es nuestro reposo (Hb 4:3), pero ¿no queda aún un reposo que alcanzar para el pueblo de Dios?

Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. (Hb 4:9)

Un día es como mil años. El último día es el de reposo. El reposo durará mil años, y en él se deleitará Su pueblo. El reposo definitivo del pueblo es el reino mesiánico, donde las promesas a Abraham y su descendencia son alcanzadas por todo aquel que se deleita de antemano en él:

Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares
delicia, santo, glorioso de Jehová;
y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces
te deleitarás en Jehová
; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y
te daré a comer la heredad de Jacob
tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado. (Is 58:13-14)

Es por eso que saber contar es importante.

Pero contar el tiempo es una habilidad necesaria en este siglo presente, y no en el mundo venidero. Si el mundo venidero es la eternidad, el tiempo deberá enrollarse como un pergamino para que lo eterno tome posesión (Ap 6:14).

Entonces, ¿no es El Reino Perdido la antesala de la eternidad?